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Transcribimos
el texto correspondiente al Editorial del Nº1 de Revista Periferias,
donde definimos los propósitos de nuestra Fundación
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Con
la aparición de Periferias nuestra intención es generar
un espacio para el debate, entendiendo éste como aporte a la
transformación de la sociedad, en base a una visión que
tiende a articular el pensamiento con la acción.
El denominarnos revista de Ciencias Sociales no pretende establecer
un límite externo, sino más bien una negativa a receptar
reales o supuestas fronteras interiores. No nos interesa realizar el
esfuerzo de delimitar disciplinas, de asignar textos y autores a determinados
ámbitos de conocimiento. En ese entendimiento somos conscientes,
y asumimos como estímulo intelectual y práctico, una situación
definible, por múltiples razones, como periférica: No
pertenecemos, no aspiramos a pertenecer, a ningún centro, a ninguna
"corriente principal". Asumirse periférico no implica,
todo lo contrario, ceder en vigor y profundidad. El situarse así
en el campo de la contestación, de las alternativas a lo dominante,
no exime de la obligación del trabajo intelectual serio, de la
precisión.
Entre los "centros" a eludir, incluimos la corriente principal
de la vida académica actual, volcada en buena medida a un sediciente
"realismo", que prolonga una visión adaptativa, que
se expresa tanto en la elaboración de ideas. como en las prácticas
que se generan, los padrinazgos que se aceptan, la visión del
mundo dominante que se concluye por acatar en el plano vital, aunque
el discurso lo niegue. Los enfoques y lectura consagrados por la academia
actual, generan un estridente silencio en torno no tanto a determinadas
cuestiones, sino a la forma de tratarlas. Se produce la paradoja de
que la irrelevancia parece ser un factor de atracción para muchos
estudiosos, en tanto que los problemas más acuciantes de la sociedad
real quedan en un segundo plano, encarados desde la perspectiva de quienes
tienen el poder, para proporcionarles propuestas para una mejor "administración
" de las contradicciones que generan sus políticas. Nosotros
queremos hacer una pequeña contribución, desde el ángulo
de las urgencias de quienes no tienen el poder, para colocar en primer
plano al movimiento social real.
Los veinte años de ofensiva empobrecedora y excluyente que sufre
la Argentina (en lo económico-social, en lo político,
en lo ideológico cultural), constituyen la materia viva de nuestras
preocupaciones. Estas inquietudes no marcan una limitación temática,
una renuncia a extendernos a otros problemas, sino que nos sigan un
conjunto de objetivos. La revista no es para nosotros un fin en sí
misma, el medio de satisfacer inquietudes intelectuales, o un modo de
alcanzar un espacio en lo público. Queremos articularnos con
el movimiento social real, pensar a los nuevos sujetos sociales, reflexionar
sobre la fragmentación y la marginalidad relativa de los trabajadores.
Esto nos lleva al cuestionamiento de ciertas "academias" que
"naturalizan" los resultados del modelo, que concluyen por
aceptar, bien con entusiasmo, bien con reservas, las consecuencias,
sino las premisas mismas de las políticas neoliberales. Nuestra
profunda divergencia con estas expresiones, nos conduce al propósito
de confluir con el campo múltiple y diverso que tiene como elemento
unificador la vocación por la crítica lúcida aunada
al espíritu de resistencia.
La actitud intelectual y política que pretende ser asumida por
el conjunto de los hacedores de esta publicación, pasa por avanzar
resistiendo, por construir oponiéndose. Forma parte de nuestras
aspiraciones arribar a un conocimiento de lo social que logre ser eficaz,
a la vez que sutil; preciso, sin renunciar a la urgencia, que reflexione
sobre la praxis, que se resista a buscar refugios, sea el de la teoría
no articulada, sea el del empirismo que describe y explica sin buscar
la transformación. Pensamos que no hay teoría ni ciencias
"puras", y se vuelve ocioso todo aquello que no esté
fecundado por el movimiento social, que no contenga la pasión
por la justicia.
Queremos, por todo eso, generar o difundir producciones que se articulen
con el movimiento social real, con los espacios de resistencia cotidiana.
Aspiramos a relacionarnos con todos esos ámbitos, construir en
y desde la periferia. creemos por eso en la necesidad de la Utopía,
no como refugio frente al cinismo, ni como el lugar ético de
la inoperancia, sino como definición activa de voluntad transformadora,
de inconformismo que apunta a un ideal deseado y buscado. Utopía
y Praxis son, a nuestro entender, parte del mismo propósito,
ya que las utopías que valen son las que están históricamente
determinadas. Frente a una intelectualidad que aspira a "desarmarlas",
en el doble sentido del "pacifismo" intelectual, y de su desarticulación
en los marcos del pensamiento "permitido", queremos re-articular
las Utopías, vincularlas con la historia real de los marginados,
de los excluidos, de los periféricos al reinado del dinero y
el poder. Ese es el nuevo lugar, hacia él apuntamos. Nuestras
Periferias son puntos de partida, no aceptaciones de la marginalidad.
Implican el objetivo de contribuir al "descentramiento" del
mapa intelectual y aún social, a trastocar los lugares asignados,
a contribuir en alguna medida a "dar vuelta" las geografías
trazadas por la alianza del saber y el poder.
El
Comité Editorial.
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